Rebusco en el cajón de la cómoda
qué cara me puedo poner
y veo una vieja sonrisa
que ya no me queda bien.
Me bajo al bar de la esquina,
pido un zumo y un café
y la carta de razones
para mantenerse en pié.
Hoy he salido de casa
con la cara sin hacer,
como nadie va a fijarse
no me pienso entretener.
Y me he puesto mis mejores
zapatos de no correr.
Pero he salido corriendo.
Me los he puesto al revés.